Para eso, comparamos la conducta de aseo de 72 vacas lecheras divididas en seis grupos de 12 vacas sin cepillo (control) y con cepillo mecánico (experimental).
Estudiamos la duración y frecuencia de rascarse en las paredes y los abrevaderos del corral y en el cepillo mecánico entre ambos grupos (control y experimentales). Comparamos la frecuencia relativa de rascarse en las distintas partes del cuerpo (cabeza, cuello, espalda, cola y muslo).
Dentro de 24 hrs. de la instalación del cepillo mecánico, 56.9% de las vacas usaron el cepillo. Después de siete días, 93.0% de las vacas usaron el cepillo, y al final del período de tratamiento, todas las vacas menos una habían usado el cepillo. Al agregar el cepillo mecánico al corral, las vacas incrementaron dramáticamente el tiempo total de rascarse en un 508% y la frecuencia de rascarse en un 226%. Estos incrementos fueron principalmente causados por el uso del cepillo mecánico, el cual representaba un 91.1% del tiempo total de rascarse y un 79.8% de la frecuencia de rascarse.
Al ser provistas con el cepillo mecánico, las vacas redujeron la frecuencia con que se rascaron sus cabezas, incrementaron la frecuencia con que se rascaron sus cuellos, espaldas y colas, y tuvieron una tendencia a disminuir la frecuencia de rascarse sus muslos.
En conclusión, los resultados de este estudio demuestran que el uso de un cepillo mecánico les facilita a las vacas asearse, especialmente en lugares de difícil acceso para la vaca misma. Esto puede contribuir a satisfacer esta conducta natural y mantenerlas limpias, como también, posiblemente, reducir frustraciones o estrés debido al aburrimiento de la estabulación.
Estudio
Todos los animales estabulados, particularmente caballos, cerdos y ganado lechero, se asean por ser esto parte de su conducta natural (Ewing et al., 1999). La función principal del aseo es cuidar el cuerpo, su limpieza y medidas sanitarias (Brownlee, 1950; Simonsen, 1979; Ewing et al., 1999). El propósito del aseo es él de remover lodo, excrementos, orines, insectos y parásitos y así disminuir el riesgo de enfermedades (Simonsen, 1979; Fraser y Broom, 1997; Ewing et al., 1999).
El auto aseo del ganado incluye a menudo lamerse con la lengua, rascarse con las patas traseras y cuernos, y aplastar bichos con la cola en un intento de limpiar todas las áreas del cuerpo que pueda alcanzar (Brownlee, 1950; Simonsen, 1979). Y para poder alcanzar partes inaccesibles como la cabeza, cuello, espalda y cuartos traseros, el ganado se rascará a menudo en objetos inanimados. En sistemas de producción extensiva, al ganado le gusta utilizar objetos ambientales para rascarse, como ramas, arbustos, árboles, cercas y postes, especialmente para áreas del cuerpo no tan accesibles para la boca, lengua y patas (Brownlee, 1950; Simonsen, 1979; Fraser y Broom, 1997; Ewing et al., 1999).
El aseo no es solamente una conducta natural, también es una conducta muy importante para el ganado. Bolinger et al. (1997) comprobaron que las vacas lecheras han demostrado un mayor comportamiento de aseo después de períodos de haber sido contenidas. Estos científicos se dieron cuenta de que esta conducta fue una de las primeras después de haber sido liberadas, proporcionando testimonio de que el aseo es una necesidad vital para la vaca.
Existe la propuesta de que el rechazo de una conducta normal de aseo podría conducir a conductas anormales (Ewing et al., 1999). La explicación de esto puede ser que no hay suficiente oportunidad para un rango completo de aseo, como propuesto por Wilson et al. (2002) para ganado de engorda. Wood-Gush y Beilharz (1983) propusieron que la falta de estimulación de los animales estabulados conduce al aburrimiento, algo que puede llevar a una conducta anormal. Estos autores demostraron que el enriquecer el medio ambiento de los animales reduce el aburrimiento.
Un cepillo de aseo es un ejemplo de un enriquecimiento ambiental que permite que el ganado realice su conducta de aseo (Wilson et al., 2002). A mediados de los 1980 se introdujeron los cepillos mecánicos automatizados para vacas lecheras (Georg y Totschek, 2001). Estos cepillos estaban equipados con un switch mecánico que se activaba por la vaca y que permitía un cepillado continuo. Esta clase de cepillo mecánico facilita la conducta de aseo natural de las vacas, algo que puede disminuir las frustraciones o estrés debidos al aburrimiento en los sistemas estabulados (Georg y Totschek, 2001). No hay muchos trabajos científicos hechos sobre la conducta de aseo en ganado lechero estabulado con o sin dispositivos de enriquecimiento. Hasta la fecha, el único reporte conocido que describe cómo las vacas lecheras utilizan los cepillos mecánicos es el estudio de Georg y Totschek (2001).
Por lo tanto, el objetivo de este experimento era de investigar cómo la instalación de un cepillo mecánico podría afectar la conducta de aseo del ganado lechero estabulado. Por lo tanto, comparamos la conducta de aseo de vacas lecheras tanto sin cepillo (o sea, el rascarse en las estructuras físicas del corral) como cuando fueron provistas con un cepillo mecánico.
En este estudio fueron utilizadas 72 vacas lecheras lactantes Holstein. Los animales eran 41.0 ± 2.6 (media ± SD) DIM en el principio del período de colección de datos con una producción media de leche de 47.2 ± 0.7 Kg. /día durante el lapso del experimento. Las vacas fueron estabuladas en el Centro de Capacitación e Investigaciones Lecheras de La Universidad de British Columbia (Agassiz, BC, Canadá) y fueron manejadas de acuerdo a las recomendaciones propuestas por el Concejo Canadiense de Bienestar Animal (1993). Recibieron las vacas una ración mixta completa - TMR – dos veces al día de 21.5% ensilaje de pasto, 14.6% ensilaje de maíz, 32.3% maíz y cebada, 22.5% puré de proteína, 5.6% heno de alfalfa, y 3.5% heno de pasto. La composición de la ración TMR fue de 46.9% materia seca con 18.7% CP, 18.5% ADF, 33.9% NDF, 0.95% Ca, y 0.5% P. Agua ad libitum.
Las vacas consumieron su alimento en un pasillo de alimentación con acceso por medio de un riel de alimentación colgante con un espacio de alimentación de 0.61 m por animal. Se ordeñaron las vacas entre 0500 y 0530 hrs. en la mañana y entre 1700 y 1730 hrs. en la tarde y comieron aproximadamente a 0630 y 1530 hrs. cada día.
Los animales fueron divididos en seis grupos iguales de 12 vacas, de acuerdo a DIM (41.0 ± 2.6; media ± SD) y paridad media (3.6 ± 0.2). Cada grupo fue expuesto al tratamiento control (ningún cepillo mecánico) como también al tratamiento experimental (con cepillo mecánico agregado al corral). Dos grupos fueron analizados con ambos tratamientos en cada uno de tres períodos de prueba sucesivos de 28 días.
Durante la primera semana, las vacas se adaptaron a su nuevo grupo. Durante la segunda semana, la conducta de las vacas fue registrada como control. En la tercera semana, un cepillo mecánico para rascarse (‘Cepillo para vacas Luna’, Lely Industries, NV, Maasland, de los Países Bajos) fue introducido en los corrales para permanecer con las vacas durante dos semanas.
Para cada período, los dos grupos de vacas fueron mantenidos en corrales parecidos. Cada corral experimental (ancho = 7.38 m. y largo = 13.50 m.) tenía doce cubículos configurados en tres hileras. Dos hileras, una frente a la otra y abiertas en el frente (“cabeza-a-cabeza”), con un largo de cama de 2.40 m. La tercera hilera de cubículos enfrentaban una pared de cemento, y estos cubículos eran 0.30 m más largos para permitir suficiente espacio para levantarse y acostarse. Todos los cubículos tenían un ancho de 1.20 mts. entre centro y centro, eran separados por divisores Artex Y2K (Artex Fabricators Inc., Langley, BC, Canada) e incluían una barra de cuello que era de 1.14 m sobre la superficie del piso. Los cubículos llevaban una cama de arena de 0.40 mts. de profundidad. Al lado de la hilera de los cubículos cabeza-a-cabeza había un pasillo cruzado (ancho = 2.6 mts. y largo = 2.4 mts.), el cual era separado de los cubículos por una pared de concreto de 0.9-mts. En el pasillo cruzado en el lado opuesto de la pared de concreto, había un abrevadero en acero inoxidable (1.8 mts. de largo, 0.4 mts. de ancho, y 0.4 mts. de profundidad).
Para el tratamiento experimental, el cepillo mecánico fue instalado en el pasillo cruzado colocándolo sobre un soporte vertical de acero ubicado en el centro de la pared de concreto al lado de los cubículos. El cepillo fue instalado a una altura de manera que en descanso la parte más inferior de las cerdas se encontraba a 1.5 m del piso, siendo montado el cepillo en un brazo pivote (giratorio) para poder acomodar a vacas de distintos tamaños.
La conducta de aseo de las vacas fue registrada durante el tratamiento de control (semana 2) y el tratamiento experimental (semanas 3 y 4) utilizando equipos de video para filmación en intervalos. Los animales fueron grabados 24 hrs. al día con una cámara de video (Panasonic WV-BP330, Osaka, Japón), una grabadora de filmación en intervalos (Panasonic AG-6540), y con un video multiplexor (Panasonic WJ-FS 416).
En cada corral, la cámara de video fue colocada a 7.6 mts. sobre el pasillo cruzado donde fueron ubicados el abrevadero y el cepillo mecánico. Desde esta posición, la cámara de video sólo grababa las actividades que ocurrían en el pasillo cruzado. Se utilizaron luces rojas (100 W, <5 lx) para facilitar la filmación durante las horas de la noche. Animales individuales fueron identificados en sus espaldas con símbolos alfanuméricos únicos hechos con tinte de pelo (Clairol’s ‘Nice and Easy #122, Natural Black’, o Clairol’s ‘L’image Maxiblonde’, según el color; Clairol, Stamford, CT).
Munksgaard y Simonsen (1996) definieron el aseo del ganado lechero como el lamerse en cualquier parte del cuerpo o rascarse en los objetos del corral. Para este estudio, las grabaciones de video no nos permitieron grabar con precisión cada caso de aseo social o cuando los animales se lamían o se rascaban. Es más, estábamos primordialmente interesados en cómo la adición de un cepillo mecánico afectaba el uso de objetos inanimados por parte de las vacas. Por lo tanto, sólo tomamos en consideración el rascarse contra objetos fijos en el corral (en el pasillo cruzado) y el cepillo mecánico.
Observábamos continuamente las cintas de video registrando la vaca involucrada, el objeto usado para rascarse (pared y abrevadero), la parte del cuerpo de la vaca siendo rascada (cabeza, cuello, espalda, cola y muslo), como también la hora y la duración del evento. Estos datos fueron utilizados para calcular la duración y frecuencia de rascarse por vaca y día.
También registramos el tiempo requerido para que las vacas aprendieran a usar el cepillo mecánico después de que había sido instalado en el corral y el número de desplazamientos del cepillo mecánico. El desplazamiento fue tomado en cuenta cuando el contacto físico de un actor resultaba en que el reactor dejaba totalmente de rascarse.
Analizamos la duración y frecuencia del rascarse en objetos del corral (pared y abrevadero) y el cepillo mecánico entre los tratamientos de control y experimental. También, comparamos la frecuencia relativa del aseo en las partes del cuerpo de la vaca (cabeza, cuello, espalda, cola y muslo). En todos los analices, el corral fue tomado como la unidad experimental, con mediciones de múltiples días y vacas para lograr una observación promedia por tratamiento por corral.
Los efectos del tratamiento fueron analizados utilizando el procedimiento MIXED de SAS (Instituto SAS, 1999). El modelo incluía el efecto fijo del tratamiento, el efecto aleatorio del corral como también el error aleatorio residual. Para comprobar si las vacas cambiaron su conducta con el cepillo mecánico, comparamos los datos de la primera y segunda semana experimental (o sea, durante las semanas que la vaca disponía del cepillo mecánico). Ya que no se detectaron ningunas diferencias, los datos de estas semanas se presentan como un solo conjunto de datos.
Dentro de las 24 horas de la instalación del cepillo mecánico, 56.9% de las vacas utilizaron el cepillo. Después de 7 días, 93.0% de las vacas usaron el cepillo, y al terminar el período de tratamiento, todas las vacas menos una habían usado el cepillo. El tiempo promedio para usar el cepillo fue de 45.5 ± 64.1 h (medio ± SD; 1.9 ± 2.7 d). En el estudio observacional por Georg y Totschek (2001), 79% de los 48 animales experimentales usaron el cepillo mecánico en el primer día, y después de una semana, todos los animales habían usado el cepillo.
Aunque aparezca que las vacas en este estudio tomaron un poco más tiempo para empezar a utilizar el cepillo, casi todas habían usado el cepillo después de una semana, parecido a los resultados de Georg y Totschek (2001). También observamos el número de desplazamientos del cepillo para ver si las vacas competían por el acceso a este. El número de desplazamientos del cepillo fue de 0.12 ± 0.39 (medio ± SD) desplazamientos/vaca y día. Comparado con un recurso de alimento donde un número típico sería de 9.7 desplazamientos/vaca y día (DeVries y von Keyserlingk, 2006), había aparentemente poca presión competitiva para usar el cepillo. Eso es probablemente debido al poco tiempo de uso individual por vaca relativo al tiempo diario que las vacas podían dedicar a esta conducta. Se podría especular que la presión competitiva podría aumentar con un incremento del número de vacas por cepillo.
Durante el período de control las vacas se rascaban primariamente en la pared y el abrevadero (Tabla 1). Cuando el cepillo mecánico fue agregado al corral, las vacas no sólo aumentaron dramáticamente el tiempo total de rascarse en un 508%, pero también aumentaron la frecuencia de rascarse en un 226%. El aumento de la duración de rascarse fue provocado por una disminución del tiempo dedicado a rascarse en la pared y el abrevadero combinado con un aumento dramático del tiempo dedicado a rascarse con el cepillo (91.1% del tiempo total de rascarse). Aunque el cambio de la frecuencia de rascarse fue parcialmente provocado por la menor frecuencia de rascarse en la pared, fue básicamente provocado por el aumento del número de visitas al cepillo mecánico (79.8%).
Tabla 1. La frecuencia y duración del aseo (rascarse) en objetos del corral (pared y abrevadero) y el cepillo mecánico (1)
Tratamiento (2)
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| Aseo |
Control |
Cepillo |
SE |
P |
| Duración, min. /día |
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| Abrevadero |
0.41 |
0.22 |
0.08 |
0.02 |
| Cepillo |
--- |
6.76 |
--- |
--- |
| Total |
1.22 |
7.42 |
0.57 |
<0.001 |
| Frecuencia, visitas /día |
|
|
|
|
| Pared |
1.63 |
1.22 |
0.28 |
0.12
|
| Abrevadero |
1.33 |
0.73 |
0.17 |
0.02 |
| Cepillo |
--- |
7.71 |
--- |
--- |
| Total |
2.96 |
9.66 |
0.84 |
<0.001 |
(1) Datos promediados para siete días para el tratamiento de control y 14 días para el tratamiento experimental para seis grupos de vacas (12 vacas por grupo). (2) Tratamientos: Tratamiento Control = sin cepillo mecánico; Cepillo = cepillo mecánico agregado al corral.
Aunque se pudo observar un mayor estado latente para empezar a usar el cepillo que lo reportado por Georg y Totschek (2001), las vacas en el estudio actual tenían una mayor frecuencia de visitas (Tabla 1). Desafortunadamente, Georg y Totschek (2001) no reportaron la duración del uso del cepillo por visita. En un estudio por Munksgaard y Simonsen (1996), el tiempo total de aseo de vacas lecheras fue reportado de ser 5 min. /día. En este estudio, el aseo fue definido como lamerse cualquier parte del cuerpo o rascar el cuerpo contra objetos fijos del corral.
Es interesante poder observar que nuestras vacas dedicaron más tiempo al aseo con el cepillo (Tabla 1) a pesar del hecho de que no incluimos el auto lamerse en nuestra definición del aseo. Sin embargo, las vacas incluidas en el estudio Munksgaard y Simonsen (1996) fueron alojadas en una estabulación fija y por lo tanto amarradas, lo que puede haber restringido su capacidad de desempeñar conductas normales de aseo (Simonsen, 1979). Podría ser postulado que cepillos mecánicos son importantes para los patios de ejercicio de vacas estabuladas para permitirles satisfacer sus necesidades de aseo.
En un estudio de Krohn (1994) sobre el comportamiento de vacas en estabulación libre, 5.7 de un total de 23.9 eventos diarios de aseo y 2.3 de 6.2 min. /día de aseo fueron clasificados como frotarse contra objetos fijos del corral. Esto incluía frotar cualquier parte del cuerpo contra objetos del establo o los árboles del patio. Comprensiblemente, estos números son mayores que los vistos en el estudio actual de rascarse/frotarse contra objetos del corral (Tabla 1), ya que sólo registramos los eventos que ocurrieron en las inmediaciones del pasillo cruzado donde fue instalado el cepillo mecánico.
Como dato interesante, las vacas de nuestro estudio tenían frecuencias y duraciones de rascado dramáticamente mayores una vez instalado el cepillo mecánico en el corral. Esto parece indicar que el cepillo mecánico les facilitó a las vacas satisfacer su conducta normal de aseo. La mayor parte de otros eventos y tiempo de aseo reportados por Krohn (1994) incluía lamer partes del cuerpo. Aunque esto no fue registrado en el estudio actual, se puede suponer que una proporción similar hubiera ocurrido como lamidos ya que esta conducta ha sido descrita como una de los métodos principales usados por el ganado para su auto aseo (Brownlee, 1950; Simonsen, 1979).
Al ser provistas con el cepillo mecánico, las vacas también cambiaron la frecuencia con la cual se rascaron las distintas partes de su cuerpo (Figura 1). En particular, disminuyó la frecuencia de rascar sus cabezas (SE = 3.6; P >0.001), aumentó la frecuencia de rascar sus cuellos (SE = 2.0; P = 0.003), espaldas (SE = 1.2; P = 0.002) y colas (SE = 0.7; P <0.001), y tendió a disminuirse la frecuencia de rascar sus muslos (SE = 0.8; P = 0.09). Estos cambios pueden ser explicados por el aumento de rascarse con el cepillo y disminución de rascarse contra otros objetos del corral.
Estos resultados indican que el cepillo mecánico permite rascar lugares del cuerpo de difícil acceso (como son el cuello, la espalda y la cola). Aunque no registramos formalmente la limpieza de las vacas, el personal del establo se dio cuenta de que las vacas aparecían más limpias al tener acceso al cepillo. Promovemos más estudios en este campo ya que una mayor limpieza debe servir a reducir enfermedades (LeBlanc et al., 2006). También, el aseo puede ser relacionado con el estrés del ganado lechero. Ha sido propuesto que altos niveles de auto aseo pueden indicar que esto es una conducta de desplazamiento (Krohn, 1994), ocurriendo porque el animal está estresado.
Alternativamente, ha sido sugerido que el aseo es un requerimiento de conducta importante de la vaca (Bolinger et al., 1997) y que la restricción de tal comportamiento puede ser estresante, conduciendo a conductas anormales (Ewing et al., 1999). No se sabe si el uso frecuente del cepillo mecánico es una respuesta al estrés o si reduce el estrés que puede haber sido asociado con la capacidad reducida de aseo antes de agregar el cepillo. Por lo tanto, alentamos más investigaciones para determinar la relación entre niveles de estrés y el uso del cepillo mecánico en ganado lechero.
En conclusión, los resultados de este estudio demuestran que el uso de un cepillo mecánico facilita el aseo, en particular en lugares de difícil acceso. Esto no sólo contribuye a satisfacer esta conducta natural y la limpieza del animal, pero como fue sugerido por Georg y Totschek (2001) también reduce la frustración o el estrés debidos al aburrimiento de animales alojados en sistemas de producción intensivos.


Figura 1. Frecuencia de aseo (rascarse) en la cabeza, cuello, espalda, cola y muslo en A) objetos del corral, (pared y abrevadero - tratamiento control) y B) objetos del corral y el cepillo mecánico (tratamiento experimental). Los datos fueron promediados para siete días para el grupo de tratamiento de control y 14 días para el grupo de tratamiento experimental de seis grupos de vacas (12 vacas por grupo).
Reconocimientos
Queremos dar las gracias al personal y estudiantes del Centro de Capacitación e Investigaciones de la Universidad de British Columba y a su Programa de Bienestar Animal. Como también a Valley Genetics en Chilliwack, BC, a Lely Canadá por sus cepillos Luna y a Audrey Nadalin por su apoyo técnico. El proyecto fue fundado por el Concejo de Ciencias Naturales e Investigaciones de Ingeniería de Canadá, por su Industrial Research Chair en Bienestar Animal, y por las contribuciones de Productores Lecheros de Canadá, como también por muchos otros donantes incluidos en la lista de http://www.landfood.ubc.ca/animalwelfare.
Referencias
Bolinger, D. J., J. L. Albright, J. Morrow-Tesch, S. J. Kenyon, and M. D. Cunningham. 1997. The effects of restraint using selflocking stanchions on dairy cows in relation to behavior, feed intake, physiological parameters, health, and milk yield. J. Dairy Sci. 80:2411–2417.
Brownlee, A. 1950. Studies in the behaviour of domestic cattle in Britain. Bull. Anim. Behav. 8:11–20.
Canadian Council on Animal Care. 1993. Guide to the Care and Use of Experimental Animals. Vol. 1. E. D. Olfert, B. M. Cross, and A. A. McWilliam, ed. CCAC, Ottawa, Canada.
DeVries, T. J., and M. A. G. von Keyserlingk. 2006. Feed stalls affect the social and feeding behavior of lactating dairy cows. J. Dairy Sci. 89:3522–3531.
Ewing, S. A., D. C. Lay, and E. Von Borell. 1999. Farm Animal Well Being. Prentice Hall, Upper Saddle River, NJ.
Fraser, A. F., and D. M. Broom. 1997. Farm Animal Behaviour and Welfare. 3rd ed. CAB International, Wallingford, UK.
Georg, H., and K. Totschek. 2001. Examining an automatic cow brush for dairy cows. Landtechnik 56:260–261.
Krohn, C. C. 1994. Behaviour of dairy cows kept in extensive (loose housing/pasture) or intensive (tie stall) environments. III. Grooming, exploration and abnormal behaviour. Appl. Anim. Behav. Sci. 42:73–86.
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